La artritis reumatoide es una enfermedad crónica caracterizada por una inflamación de las articulaciones, que generalmente afecta a las manos, muñecas, pies, tobillos, rodillas, hombros y codos. Se presenta de forma simétrica en las articulaciones a ambos lados del cuerpo. En el caso de la mano, esta enfermedad puede llegar a afectar a su apariencia y dificultar el movimiento de los dedos, debido a los bultos (nódulos reumatoides) que se generan en las articulaciones pequeñas y que provocan deformaciones. La artritis reumatoide suele aparecer entre los 20 y los 45 años de edad y es más frecuente en mujeres que en hombres.
Se trata de un trastorno autoinmune del cual se desconocen las causas, aunque algunos investigadores sostienen que factores genéticos pueden contribuir a su desarrollo. Se origina cuando el sistema inmunológico del cuerpo ataca a sus propias células y tejidos sanos, lo que provoca una inflamación tanto en las articulaciones como alrededor de éstas, llegando incluso a destruir el sistema esquelético.
Sintomatología y tratamiento
Los síntomas varían según los pacientes, aunque los más comunes son: dolor, rigidez, inflamación de las articulaciones, disminución del movimiento de los dedos y las muñecas, aparición de nódulos (bultos) sobre las articulaciones pequeñas o dificultad para realizar actividades cotidianas como atarse los zapatos, abrir frascos o abotonarse la camisa).
El diagnóstico se confirma por el cuadro clínico, cuando se presentan cuatro o más de los siguientes condicionantes:
Rigidez matutina que mejora con el movimiento, durante al menos seis semanas.
Tres o más articulaciones inflamadas durante al menos seis semanas.
Presencia de artritis o inflamación en las articulaciones de la mano, la muñeca o los dedos de las manos durante al menos seis semanas.
Factor reumatoide positivo en los exámenes de sangre.
Rayos X que muestren los cambios típicos en las articulaciones. Sin embargo estos cambios radiológicos suelen aparecen en fases mas avanzadas de la enfermedad.
Hoy dia , se da especial importancia a la presencia de unos anticuerpos ( anti-PCC) en sangre, que ayudan al diagnóstico precoz de la enfermedad.
El tratamiento de esta enfermedad crónica, que provoca distintos gados de discapacidad, es fundamentalmente médico. Se han producido grandes avances en los últimos años en cuanto al manejo y tratamiento de esta enfermedad. Todavía sin una cura definitiva , su diagnóstico precoz es esencial para conseguir un mejor pronóstico y calidad de vida.
El tratamiento quirúrgico, tiene una misión reconstructiva o “ cirugía de rescate”.
Es importante señalar que, en la artritis reumatoide, la cirugía se utiliza para corregir las deformidades que provoca la enfermedad: restaura la función de la mano, controla el dolor y mejora su apariencia. No tiene una función curativa, por lo que puede ser necesaria más de una intervención, si la patología sigue causando problemas en las articulaciones.
Técnicas quirúrgicas en el tratamiento de la mano reumática
Los nódulos reumáticos se producen en un 25 % de los pacientes y en ocasiones producen molestias por compresión o se erosionan. Su extirpación mejora esta sintomatología y mejora el aspecto estético de la mano.
La extirpación de los tejidos inflamados alrededor de las articulaciones o alrededor de los tendones (sinovectomia), mejora enormemente la función de la mano, reduce el dolor y previene futuras complicaciones.
En ocasiones se producen roturas o destrucción tendinosa que requiere la transposición de tendones cercanos para restaurar la función de la mano.
Si el paciente presenta artritis severa, con grave destrucción articular, la técnica que se emplea es la artroplastia , que consiste en reemplazar una articulación destruida por la enfermedad por otra artificial, hecha de metal, goma de silicona o de tejido del propio paciente (como un tendón). Esto permite disminuir el dolor y mejorar la función de las manos y los dedos. Este tipo de intervención se suele dar en pacientes de edad más avanzada, que tienen un nivel de actividad menor.
Si la artritis está en una fase muy avanzada, la opción más apropiada puede ser la artrodesis o fusión de la articulación, en la que se quita la articulación dañada para, posteriormente, fusionar los dos extremos de los huesos. Lógicamente, esta técnica elimina el movimiento de la articulación fusionada.
Este post ha sido elaborado con la colaboración de la Dra. Marga Novoa Rodríguez, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora.